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octubre 2015


hermitage

Una vez obtenidos 2 vuelos “directos” por un precio correcto (200 € p/p) y haber realizado los trámites previos (caros y pesados), para obtener el visado para poder entrar en Rusia, llega la fecha de tomar nuestro vuelo Málaga- San Petersburgo.
Marchamos al aeropuerto y ,tras hacer un buen rato de cola para obtener las tarjetas de embarque, salimos con más de una hora de retraso en un avión con asientos estrechos e incomodos, que nos hace comprender porque Vueling se ha puesto a la cabeza de las peores Low cost del mercado.

Aterrizamos cerca de las 6 de la mañana. Nos recoge un vehículo que habíamos concertado con el hotel, al cual llegamos ya amanecido. Como no nos dan habitación hasta las 13 h, dejamos las maletas y nos vamos a dar un primer paseo.

Nuestro hotel está ubicado cerca de la catedral de S. Isaac, así que caminamos hacia allá. Es sábado y las calles están desiertas y casi todo cerrado aún. Como estamos bastante cansados decidimos volver al hotel y con bastante dificultad para entendernos, ya que la recepcionista solo habla ruso, conseguimos que nos dé una habitación antes de la hora prevista, por la mitad de su precio (25€). Pagamos la totalidad por los 4 días (200€) y marchamos a descansar hasta cerca de las 10, hora a la que vamos a tomar el desayuno, que nos han incluido en el precio.

Pasando por la Plaza del Senado, donde se encuentra el famoso Jinete de Bronce (mientras permanezca en su lugar, San Petersburgo no será tomada por sus enemigos) sobre su roca de granito rojo de 1500 Tn , la orilla del río Neva y el Almirantazgo llegamos hasta el Hermitage. Obviando las largas colas de las taquillas, sacamos nuestras entradas en una maquina automática, lo que nos da acceso inmediato a este complejo formado por cinco edificios unidos (el Palacio de Invierno, el Teatro, el Hermitage Pequeño, el Hermitage Viejo y el Nuevo Hermitage), situado en la inmensa plaza del Palacio. Del Museo también forman parte el Edificio del Estado Mayor, en la misma plaza, y el Palacio Ménshikov en el malecón Universitétskaya.


Kazam

Hacemos un recorrido de tres horas por sus inmensos espacios intentando ver, guiándonos por el plano que obtenemos en la entrada, lo más destacado de las obras expuestas.
Cansados pero satisfechos tras la sobredosis de arte, salimos a la plaza presidida por la Columna de Alejandro, atravesamos el arco para abandonarla e ir a una casa de cambio para poder disponer de algunos rublos.

Vamos a tomarnos unas cervezas en un restaurante. Las acompañamos con un filete strogonoff y una pizza.

Aunque estamos cansados decidimos seguir dando un paseo. Cruzamos el rio hacia la zona de la Universidad para pasear por la orilla del Neva hasta el puente Blagoveschenskiy. Desde allí nos dirigimos al teatro Marinsky, considerado uno de los teatros de ballet más importantes del mundo y regresamos al hotel. Pagamos los 2000 R del taxi que no nos habían querido cargar a la tarjeta y al llegar a la habitación vemos que tenemos un vecino que molesta con su música, al avisar a recepción nos ofrecen el cambio a una habitación en el edificio principal.

Salimos ya de noche y encontramos en las cercanías del hotel un café- bar con bastante gente joven y hacemos allí una barata cena. Una vez desayunados empezamos a caminar por un lateral del canal Griboedova hasta que llegamos a la catedral de Kazan de culto ortodoxo ruso, rodeada por una gran columnata. Entramos en ella mientras celebran una misa dominical para ver el icono el icono de la virgen de su nombre. Seguimos a continuación por el borde del canal hasta la Iglesia del Salvador sobre la Sangre Derramada, construida sobre el lugar donde fue herido mortalmente el Zar Alejandro II.

Pagamos los 250 R de la entrada para hacer la visita de su interior, recubierto de murales realizados mayormente con mosaico. Compramos un dedal de filigrana y volvemos al exterior para pasear por el jardín anexo.
El interior de la iglesia es bonito pero el exterior con las fachadas y las cinco cúpulas diferentes brillantes y coloridas es magnífico.


Sangre Derramada

Al lado mismo de la iglesia tomamos un barco turístico para hacer un crucero por el canal Fontanka y otros pequeños canales, de una hora de duración.

Al regreso, decidimos almorzar fuera de la zona más turística, así que compramos unas tarjetas de 10 viajes para el metro y lo tomamos para cruzar el río hasta Gorkovskaya.
Justo a la salida encontramos el pequeño y tranquilo restaurante Mozart, decorado en homenaje al compositor, donde almorzamos con música clásica ambiente y platos sabrosos y nada caros.

Marchamos a la cercana isla de Zayachiy, donde se encuentra la fortaleza de Pedro y Pablo, que está muy concurrida al ser una soleada tarde de domingo. Un paseo por sus instalaciones y vamos por Petrovskaya hacia el atraque del Crucero Aurora, llevándonos la sorpresa que lo han retirado para su restauración.

Andamos aún un poco más hasta la estación Lenina y tomar la línea roja del metro hasta Sadovaya para regresar al hotel. A la noche salimos a esa zona para cenar. Al final lo hacemos en uno de los pocos sitios que vemos abiertos, un restaurante mongol, donde tomamos una sopa y unos “buuz”, unas especies de albóndigas recubiertas de masa.

Amanece un día frio pero luminoso, desayunamos y nos acercamos a la inmensa catedral de S Isaac, con su enorme cúpula recubierta en oro. Las taquillas disponen de una información pésima, mayormente en ruso. Tras un rato esperando a que abran sacamos las entradas para el interior, convertido en museo. A pesar de su inmensidad y numerosas estatuas, no nos parece un lugar especialmente destacable. Tomamos el metro hasta Moskovskaya, salimos al exterior y tras preguntar varias veces logramos dar con un microbus (marshrutka), el 342 ,que va hasta Pushkin a 25 km.


Palacio Catalina

Tardamos casi 45’ en llegar a una de las puertas del palacio, bajamos , pagamos la entrada de los jardines y empezamos a recorrerlos hasta llegar al Palacio de Catalina, uno de los mejores ejemplos del barroco ruso, famoso por albergar la “Sala de Ámbar”, una sala con 55 metros cuadrados de paneles de ámbar con pan de oro y espejos.

Pagamos la entrada de Palacio y aprovechamos que a esa hora los numerosos grupos organizados están acabando de visitar el edificio para recorrerlo sin excesivos agobios.

El regreso lo hacemos en el bus 382. Como se nos ha hecho algo tarde nos tomamos unas hamburguesas para almorzar en Sadovaya. Volvemos a tomar el metro para ir hasta el Monasterio Alexander Nevsky, complejo de cementerios e iglesias ( de las 16 que llego a tener sobreviven 5). A la llegada un monje interpreta un concierto de campanas. Entramos en la catedral de la Santísima Trinidad y damos un paseo por su vecino cementerio. Aparte de este hay otros “de pago” ya que en ellos se encuentran las tumbas de Rimsky-Korsakov, Tchaikovski,  Dostoievski y otros.

Volvemos a nuestro alojamiento a pasar el resto de la tarde hasta que, ya oscurecido salimos para un paseo y cena. Vamos al Almirantazgo y los alrededores de Hermitage a disfrutar de unos edificios que se encuentran perfectamente iluminados. En el muelle preguntamos por el barco a Petergoff pero el fin de semana anterior se dio por cerrada la temporada.

Hacemos unas fotos desde el puente Dvortsovyy y seguimos hacia la calle Nevsky Prospekt para cenar en un conocido restaurante georgiano. Los platos que pedimos de su amplia carta nos parecen sabrosos pero algo caros y de reducidas raciones.

Nuestro último día amanece muy nublado. Desayunamos y andamos hasta el metro Instituto Tecnológico para ir desde allí ir a Leninsky y tomar la marshrutka 420 que pasa por el palacio Petergolf.


Petergolf

Una vez llegamos a las taquillas vemos que están cerradas y se puede entrar sin pagar los 500 R que cuesta la entrada. Imaginamos que debe ser porque la fuente principal se encuentra apagada por limpieza.

Desde el palacio unos inmensos jardines con diversos edificios y fuentes llegan hasta el mar Báltico. Nos dedicamos a recorrerlos durante un par de horas hasta que nos vamos a coger la marshrutka 343 hasta Veteranov para recorrer la línea roja del metro haciendo diversas paradas en las estaciones más profusamente decoradas.

Decidimos ir a comer al Rest. Mozart, ya que nuestro almuerzo del primer día nos gustó mucho. Esta vez les añadimos para finalizar unos deliciosos postre con lo que aún nos gusta más.
Volvemos al hotel para descansar hasta las 20 h., hora hasta la que hemos reservado la habitación.
Dejamos la maleta en recepción y paseamos hasta Catedral de San Nicolás y sus alrededores para después ir a cenar al bar del primer día. A las 11 nos recoge un taxi que nos lleva al aeropuerto a una velocidad endiablada.

Cuando llegamos vemos que en las pantallas que nuestro vuelo no consta. Tras intentar obtener algo de información en el mostrador correspondiente con una antipática que nos soluciona nada, nos dirigimos al mostrador de venta de billetes donde nos informan que los impresentables de Vueling han anulado nuestro vuelo y que no hay otro hasta la semana siguiente. Amablemente nos solucionan el problema dándonos plaza en un vuelo a Barcelona que sale a las 5 de la mañana, conectando desde allí a Málaga, donde llegamos a las 11 de la mañana.


metro

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